El era un verdadero huracán, ella tenia miedo a las tormentas.

Se
conocieron con un par de sonrisas cómplices, y dos miradas escondidas.
Eran todo lo que buscaban, con prisas. Te miro de arriba a abajo y te
saludo con dos besos. La luz baja y el orgullo alto; les sobraban ganas,
les faltaban motivos. Las prisas, el orgullo y los besos acabaron con
tu sonrisa cuando estabas en la cumbre, que lo único que necesitabas era
volver a oír su voz al dormir.
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