viernes, 21 de diciembre de 2012

Por muy feliz que estés, por muchos amigos que tengas, por muy en la cima del mundo que te creas que estás, siempre tendrás en tu subconsciente el recuerdo tan vivo de ese verano, el miedo del principio, las ilusiones y las decepciones, y de ese retortijón de barriga que casi te deja sin respiración cuando llegó la hora de decir adiós.


Darte cuenta de que no volverá nada de lo que allí viviste, nunca. Indecisión de intentar olvidar o recordar hasta que deje de doler. Es el dolor el que te hace darte cuenta de las cosas que verdaderamente importan.

Recuerdo como salíamos de fiesta la noche entera, mirábamos a la calle en busca de una probada de vida real, bebíamos a la luz de la llama de la ciudad, dulce adolescencia, acabábamos de llegar, caminando por las calles mientras silbaban, maestros decían que nunca saldríamos vivas de esto...

Allí estaba ella, mi amiga, tacones en mano, mientras ella empieza a llorar, rimel corriendo por sus ojos de pequeña Bambi.

Y ahí es donde el comienzo del fin empezó, todos sabían que nos divertíamos tanto, brindando a nuestro nombre, huyendo, gritando, bailando..

La multitud más adorable que en tu vida has visto, una generación de chicos descarados, de degeneración de hermosas reinas, y al fin y al cabo ellos fueron los únicos amigos que hemos tenido.

Esto es lo que nos hace chicas, no vamos en busca del paraíso y ponemos nuestro amor ante todo, se lo diré todos los días hasta que lo entienda, esto es lo que nos hace chicas, es por lo que dominamos el mundo