Por muy feliz que estés, por muchos amigos que tengas, por muy en la cima del mundo que te creas que estás, siempre tendrás en tu subconsciente el recuerdo tan vivo de ese verano, el miedo del principio, las ilusiones y las decepciones, y de ese retortijón de barriga que casi te deja sin respiración cuando llegó la hora de decir adiós.
Darte cuenta de que no volverá nada de lo que allí viviste, nunca. Indecisión de intentar olvidar o recordar hasta que deje de doler. Es el dolor el que te hace darte cuenta de las cosas que verdaderamente importan.
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